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Mereces un descanso

Mereces un descansoSí, mereces un descanso… y existe una forma de dártelo a cualquier hora y en cualquier lugar. Esta manera de relajarte no te la proporciona ningún viaje, whisky, fiesta, ejercicio, dieta, masaje, reunión o lectura. Y practicarlo te conecta, te da paz, bienestar y poder. Me refiero a la meditación.

«¡Qué meditación ni qué meditación, eso es una pérdida de tiempo!«, quizá pienses. Yo también solía considerarlo así. De hecho, me sigue costando mucho trabajo lograr aquietar la mente y estar en paz, no pensar en mil pendientes.

Sin embargo, esa sensación de regresar a casa, a tu centro, a conectarte contigo misma, aunque sea por un periodo muy breve, es maravillosa.

Quienes han trabajado para mejorar ciertos aspectos de la Humanidad han concluido, en distintos momentos y épocas de la historia, que si queremos lograr el máximo potencial físico, mental y espiritual, se necesita entrar en un sistema de total descanso, relajación y comunicación interna, con la inteligencia presente. Sin esto, lo único que podemos esperar es usar tan sólo una fracción de nuestras capacidades.

La meditación no la inventó ningún grupo o persona en especial. Tampoco tiene que ver necesariamente con ninguna religión o creencia. Y, contrario a lo que se piensa, no necesitas tomar una clase para aprender. Si bien ayuda, no es indispensable. De hecho, todo el misterio que hay alrededor de ella ha impedido que muchas personas la incorporen en su vida. La práctica lo es todo.

¿Cuál es el proósito de la meditación?

La meditación restablece el contacto con nuestra fuerza y paz interior. De hecho, todos lo hemos vivido alguna vez, quizá al observar en silencio un atardecer, al caminar por el campo y voltear al cielo con gratitud, como si el tiempo se detuviera al sentirnos parte de un todo.

Y, sin saber que meditamos, los sentidos se intensifican: amamos más, hacemos más y sentimos más. Se aclara y despeja la mente, y nos abre a la creatividad, intuición e inspiración.

Algunos beneficios secundarios:

-La meditación sincroniza las ondas eléctricas de los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro, favoreciendo la inteligencia y el aprendizaje.

-El cuerpo eleva notoriamente su resistencia a gérmenes invasores, tipo gripas, virus y enfermedades de garganta y pulmones.

-El ritmo cardiaco se reduce notoriamente; por ende, también su carga.

-Mejora considerablemente la capacidad de reacción.

-La autoimagen mejora notoriamente en poco tiempo.

¿Cómo y dónde meditar?

En un lugar tranquilo, siéntate en una silla lo más derecho posible, coloca los pies en el suelo, e inhala y exhala profundamente para aquietar la mente. No te acuestes, para evitar que te duermas y pierdas los beneficios. El punto es dejarte ir y soltar el cuerpo, las ideas, el estrés y los pendientes. Procura no pensar en nada, simplemente estar contigo misma.

Si un pendiente atraviesa tu mente, no te resistas, porque entre más lo haces, más se afianza. Sólo deja que pase y se vaya. Esto funciona como el motor de una lancha: al principio no quiere, hasta que por fin entra la gasolina y arranca. Así es la meditación. Cuando encuentres ese lugar en el que sientas un regreso a casa, disfruta estar ahí, en paz y en tu centro. Verás que es una delicia.

Practícalo durante un lapso de 15 o 20 minutos diarios, de preferencia por la mañana. Auxíliate con la alarma de un reloj (suave) para relajarte en cuanto al tiempo.

Entre más meditas, más te gusta, más fácil es y, así, el hábito se forma. Date un merecido descanso a cualquier hora y en cualquier lugar…

Fuente: Gaby Vargas

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