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El mejor momento de tu vida

¿Alguna vez te has preocupado pensando que el mejor momento de tu vida ya pasó? Y peor aún, ¿ni siquiera te diste cuenta?

Hay quienes afirman que la vida comienza a los 40 años, o que los 60 son los nuevos 50. ¿Pero es eso verdad? ¿A qué edad podemos sacar más provecho de la vida?

Actividad física. En aquello que requiere explosiones energéticas súbitas, como carreras de 100 metros o lanzamiento de jabalina, el momento ideal está a mediados de la década de los 20, debido a que a partir de ese momento comienza un rápido declive.

En el caso de los futbolistas, el proceso se inicia con anterioridad. Sin embargo, los deportes que requieren de gran resistencia, como los maratones o las carreras de 100 km o 1000 km, suelen ser mejores para atletas de más edad.

Incluso después de pasar los 30 y los 40 años, el declive es gradual.

El funcionamiento de la mente. En lo que respecta a la memoria, los hallazgos no fueron tan alentadores. Después de los 20 años, queda en evidencia que la capacidad de almacenamiento de nueva información, fue mejor en otra época.

De hecho, es probable que todo haya empezado a ir cuesta abajo al salir de la escuela. La capacidad para retener datos en la “memoria funcional” disminuye progresivamente en la década de los 40.

Hay otras habilidades que siguen desarrollándose con el paso del tiempo, como la comprensión lectora y la aritmética. Y el razonamiento social –la capacidad de lidiar efectivamente con las complejidades de la amistad- alcanza su cima posteriormente.

La sexualidad. Sí, las películas y las series de televisión tienen algo de credibilidad, la década los 20 y los 30 son una especie de orgía permanente.

Pero en realidad, ni el deseo ni la actividad sexual disminuyen hasta bien entrada la década de los 50. E incluso en ese momento, el declive no es pronunciado.

Entonces, ¿qué podemos concluir de estos hallazgos? La cumbre sexual se alcanza en la década de los 20, la física en los 30, la mental en los 40 y 50 y en la de los 60, se es más feliz.

Aunque, por supuesto, siempre influyen las circunstancias personales.

Fuente: David Robson

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