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Evita convencer a otro, mejor cambia el tema

En una discusión con argumentos totalmente opuestos, más allá de intentar "ganar" y convencer al otro, póngase en sus zapatos y, si de plano no le quedan, mejor evite el tema.

En una discusión con argumentos totalmente opuestos, por ejemplo, en materia política, más allá de intentar “ganar” y convencer al otro, póngase en sus zapatos y, si de plano no le quedan, mejor evite el tema… y peleas, recomiendan terapeutas.

En un escenario ideal la discusión debería conducir al intercambio de ideas, de pros y contras y de conclusiones; si no es así, se deriva en confrontación.

Las emociones se sienten y, normalmente, no entienden de razones. No se puede convencer a una emoción, así que no importa qué tan razonable sea el argumento del otro: prácticamente queda descartado.

Detalla que, ante la imposibilidad de cambiar una emoción, lo mejor es que cada quien se quede con su idea política y no se insista en el tema porque hay riesgo de insultarse.

Si claramente no llegaremos a un acuerdo y no nos vamos a convencer, no nos lastimemos. En la vida cotidiana normalmente no somos capaces de lidiar con ello. Normalmente no tenemos ese control, esa inteligencia emocional; de tal manera que lo mejor sería evitar el conflicto.

El experto considera que todas las personas tendrían que trabajar mucho más en el control emocional y ser capaces de cambiar y pensar en el otro, pero eso requiere de crecimiento.

Al principio sólo pienso en mí. En lo que deseo y quiero. Todo radica en poder, en supremacía.

Para trabajar en este proceso, hay que rodearse de situaciones que puedan crear estados de belleza, armonía, paz y orden, como el arte, mirar paisajes, estar en silencio, en orden. Eso cambia la forma de funcionamiento cerebral.

Por otra parte, se indica que lo importante es analizar cuáles son los mecanismos de resolución de conflictos familiares porque así, independientemente del tema, se desarticula el conflicto.

Para el experto, también es necesario que las familias reflexionen sobre cuáles deberían ser los acuerdos equilibrados y justos para todos.

Es decir, se puede caer en el autoritarismo y decir que el que decide y manda es el padre o la madre, sólo por serlo y tampoco se trata de eso.

Además se considera que debe tomarse en cuenta que dentro del núcleo familiar o de amigos puede haber conflictos y las diferencias políticas pueden ser sólo un pretexto para pelear.

Fuente: Gerardo Leyva y Ricardo Trujillo

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