El diagnóstico de la fibromialgia

El diagnóstico de la fibromialgia

La inexistencia de una prueba de laboratorio que confirme un diagnóstico de fibromialgia y la postura de muchos médicos que consideran que esta enfermedad no existe, puede retrasar hasta 10 años el diagnóstico adecuado.

Son pacientes que han ido a consultas con más de 11 médicos distintos, desde médicos generales, internistas, psiquiatras o neurólogos.

Han peregrinado 5 o hasta 10 años sin diagnóstico o con un diagnóstico incorrecto porque muchas veces se confunde con artritis reumatoide, lupus o enfermedades psiquiátricas.

Una persona padece fibromialgia cuando: refiere una historia de dolor generalizado del cuerpo durante al menos tres meses y presenta dolor en por lo menos 11 de 18 puntos dolorosos, cuando el médico los presiona en la exploración clínica.

La Guía de atención a pacientes con fibromialgia de la Conselleria de Sanitat de Valencia, España; describe cómo viven los pacientes el dolor.

«Al ser preguntados sobre qué les pasa son frecuentes las expresiones como: ‘me duele todo’, ‘mejor le digo lo que no me duele’, ‘me duele de los pies a la cabeza’ o ‘me duele desde siempre’«, refiere.

Además comúnmente se presentan síntomas asociados como fatiga, trastornos del sueño, ansiedad, mareo, síndrome de colon irritable, trastornos conductuales y dolor de cabeza.

Sin embargo, la guía apunta que se trata de una enfermedad benigna, que no acorta la esperanza de vida, no es degenerativa, ni deformante y afecta a cada paciente en distinto grado.

«Durante la evolución pueden producirse oscilaciones clínicas con períodos de remisión-exacerbación. En estas últimas se podría requerir algún periodo de reposo.

«En estos casos y siempre valorando individualmente las necesidades de cada paciente en función del trabajo realizado, podría estar indicado un periodo de incapacidad temporal«, se explica.

La Guía de práctica clínica para el diagnóstico y tratamiento de fibromialgia en el adulto de la Secretaría de Salud en México estima que la fibromialgia puede afectar al 2 por ciento de la población general, afectando a 1 hombre por cada 10 mujeres.

El tratamiento puede incluir analgésicos, antineuríticos, anticonvulsivos, antidepresivos, ansiolíticos e inductores de sueño, además de ejercicio aeróbico moderado y terapia conductivo-conductual.

«La respuesta al tratamiento no es muy satisfactoria porque hay pacientes a las que les funciona una cosa y pacientes a las que les funciona otra, entonces tienes que ir probando a ver qué les sirve, cambiarles la dosis.

«La enfermedad no se cura pero hay pacientes que han mejorado, aunque siempre hay riesgos de que tengan un evento difícil en su vida que les provoque crisis nuevamente», reconoce.

Además de la dificultad del tratamiento, los pacientes deben enfrentar a los médicos que sostienen que la fibromialgia no existe.

«Tenemos un problema grave porque hay médicos, incluyendo reumatólogos, que consideran que la enfermedad no existe.

Algunos consejos de autocuidado para las pacientes con fibromialgia son:

  • Mantener un peso ideal. Los problemas de sobrepeso son habituales por la tendencia al sedentarismo.
  • Dieta hipo-proteica en general e hipocalórica por las noches. Mantener una alimentación equilibrada rica en verduras, cereales integrales, frutos frescos y secos. Evitar alcohol, sal, azúcares refinadas, edulcorantes, conservas y grasas saturadas.
  • Ingerir líquidos en abundancia (alrededor de 2 litros al día) pues algunos pacientes presentan boca seca.
  • No fumar.
  • Favorecer buenos hábitos de sueño: mantener un ritmo de sueño vigilia regular, no ver la televisión ni trabajar con la computadora por las noches.
  • Intentar mantener o recuperar en la medida de lo posible su ritmo normal de actividades cotidianas y aumentar las actividades placenteras como dar pequeños paseos, escuchar música y realizar actividades sociales.
  • Realizar ejercicio físico diario, adecuado a las preferencias y posibilidades porque el ejercicio aumenta la tolerancia al dolor.
  • Evitar levantar o sostener pesos excesivos.
  • Hablar de su enfermedad y del dolor que le supone pero sin que llegue a monopolizar su vida.
  • Formar parte de grupos de ayuda mutua o asociaciones con el asesoramiento de profesionales.

Fuente: Gabriela Huerta.

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