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La realidad de la artritis reumatoide

Autoinmune, crónica degenerativa e incurable. El impacto de tales palabras ante un diagnóstico de artritis reumatoide pareciera sugerir, cuando menos, una condena a la discapacidad.

Lo cierto es que, al día de hoy, con el avance en el tratamiento para este mal sistémico -con afectación en varios órganos y sistemas- caracterizado por la inflamación persistente de las articulaciones y su progresiva destrucción, el desenlace puede ser mucho más favorable.

Hay que olvidar ese mito de que todas las personas (con artritis reumatoide) llegan a requerir sillas de ruedas o muletas. Eso es un mito.

¿Puede pasar? Sí, solamente en aquellas personas que no sigan su tratamiento de manera adecuada. Pero, habitualmente, la gran mayoría de las personas responden bien a su tratamiento.

En este caso, al igual que en muchas otras enfermedades, la clave está en establecer un diagnóstico temprano para una atención igualmente pronta que permita a los pacientes evitar distintos grados de deformidad e incapacidad funcional.

Una persona que tiene un retraso en el diagnóstico de artritis reumatoide definitivamente tiene una discapacidad importante. Si no se recibe tratamiento, un 50 por ciento de los pacientes tiene una discapacidad a los cinco años.

El pronóstico para quien padece esta enfermedad y no recibe tratamiento es similar al de alguien con enfermedad coronaria de tres vasos o linfoma.

Definitivamente, tiene ese mismo pronóstico. La expectativa de vida disminuye 10 años en aquellos pacientes que no han sido tratados de manera adecuada.

De ahí que educar sobre la importancia de apegarse al tratamiento para así poder llevar una vida activa y prácticamente en normalidad.

Un padecimiento que, del que aún no se conoce cuál es la causa específica.

Sin embargo, hay un componente genético que predispone a las personas a padecerlo, mientras que factores como el tabaquismo, la obesidad y las infecciones virales o periodontales -en la cavidad oral- lo suelen detonar.

Entre los síntomas a los cuales se sugiere prestar atención está la fatiga o cansancio anormal; rigidez matinal, es decir, la incapacidad o limitación para abrir y cerrar las manos en las mañanas, por ejemplo, y el dolor en las articulaciones, sobre todo en manos, rodillas, pies y tobillos.

Esto, más el antecedente genético de un familiar con artritis reumatoide, conlleva al diagnóstico de la enfermedad y su respectiva atención, que contempla una alimentación balanceada para mantener un peso adecuado, además de ejercicio de fortalecimiento y estiramiento muscular y articular -yoga, natación, pilates, entre otros-.

En cuanto a lo farmacológico, especialistas detallan que de primera instancia se recetan medicamentos antiinflamatorios, que pueden ser esteroideos o no esteroideos, dependiendo de la situación específica de cada persona, teniendo en cuenta si hay condiciones como diabetes, hipertensión, colesterol alto, problemas del riñón o del corazón.

Por otra parte, desde hace algunos años existe la llamada terapia molecular o biológica, en la que se administran fármacos de última generación que inhiben la molécula que provoca el proceso inflamatorio en pacientes con marcadores de inflamación muy elevados y que no responden a los fármacos modificadores de la enfermedad sintéticos o convencionales.

Cuando tienen datos de enfermedad muy agresiva, como son múltiples articulaciones inflamadas y dolorosas, y cuando tienen nódulos reumatoides -unas tumoraciones o nodulitos sobre las articulaciones-, se puede optar por dar un fármaco modificador de la enfermedad biológico.

Fuente: Diana Flores

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