Si al realizar ese trabajo, en el que a desde hace varios años se te conoce como un especialista, de pronto has comenzado a tener errores, acumulando llamadas de atención de parte de tus superiores, esto puede ser a causa de una alteración.

Una disminución en la capacidad para procesar el pensamiento o deterioro de la función cognitiva, que no ha sido lo suficientemente grave para imposibilitar tu desempeño en las actividades básicas de la vida diaria, pero cuyos efectos en tu memoria, comprensión, orientación o capacidad de aprendizaje empiezan a ser notorios, sobre todo para quienes te rodean.

El individuo con demencia o con etapas iniciales de deterioro cognitivo no se va a dar cuenta inicialmente; va a sufrir las consecuencias, pero no se va a estar dando cuenta qué es en lo que está errando siempre.

Por eso es importante hacer conciencia de que existe la enfermedad, de que olvidar las cosas o tener problemas de conducta con el paso de los años no es algo normal en el envejecimiento.

La detección oportuna es precisamente la clave para desacelerar la progresión de un síndrome crónico como es la demencia, cuya forma más común es la enfermedad de Alzheimer -representando entre 60 y 70 por ciento de los casos-, y de la que está aumentando rápidamente el número de personas que la padecen.

El aumento en la detección de casos se debe en parte a que ahora hay un mayor grado de consciencia sobre la enfermedad, y por tal se le busca desde mucho antes, a diferencia de otros tiempos en que solían pasar desapercibidos, sobre todo por un prejuicio común sobre la edad: que perder la memoria es parte de envejecer, lo cual es totalmente incorrecto.

Y es que aunque el Alzheimer y otras demencias sin duda están fuertemente asociadas al envejecimiento, tal asociación no implica causalidad.

No obstante, en tanto la población global continúe envejeciendo, como es la tendencia actual, tendrán lugar más casos y en hasta dos tercios de ellos la enfermedad simplemente no será prevenible.

Junto con el envejecimiento, el aumento en la prevalencia también va de la mano con muchos de los hábitos higiénico dietéticos.

Se ha visto un marcado aumento en cuestiones de hipertensión, diabetes, de enfermedades metabólicas, y sí se ha visto, sobre todo con diabetes mellitus, una importante relación entre el descontrol a largo plazo de la glucosa, esto dañando la función cerebral normal asociado mucho al Alzheimer.

De ahí que parte de la acción preventiva imperiosamente implique una dieta saludable, a consciencia de que ciertos alimentos, sobre todo los muy calóricos, promueven una inflamación crónica que a la larga genera comorbilidades como hipertensión y diabetes.

Así como la práctica constante de actividad física; evitar el consumo nocivo de alcohol y tabaco, y promover el estudio constante.

Y recordar que sí es normal disminuir la velocidad de procesamiento del cerebro con el tiempo, pues a eso se le llama envejecimiento cognitivo y es normal. Pero aún así hay que hacerse una prueba para saber si o no realmente estamos hablando de deterioro cognitivo.

Fuente: Rodrigo Cruz

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