La masa muscular es una aliada en la vejez

La masa muscular es una aliada en la vejez

De acuerdo a las condiciones de trabajo a las que hayas sometido tus músculos en la juventud, será la funcionalidad que tendrán en tu vejez.

Resulta que la musculatura no sólo está para moverse, aunque la función más conocida del músculo es que si se abandona, se atrofia y al debilitarse empuja el esqueleto hacia el suelo.

Pero eso no es lo peor: la musculatura no sólo guarda la postura, el equilibrio y el movimiento, también tiene funciones metabólicas muy significativas.

El músculo es la principal reserva de proteínas del organismo, y es un regulador de los niveles de glucosa sanguíneos, porque la consume cuando nos movemos.

Ayuda a regular la temperatura corporal -sucede cuando tiritamos de frío-, y se comporta como un órgano endocrino muy interesante. Por ejemplo, este mediador participa en la respuesta inflamatoria del organismo.

Con todas estas funciones y responsabilidades, es comprensible que tener un volumen de músculo bajo mínimos tenga graves consecuencias.

Si hay que entrar en el quirófano, quienes tienen menos músculo sufren más complicaciones postoperatorias, y sus estancias hospitalarias se alargan.

Visto con un enfoque positivo, la estadística indica que los pacientes que ingresan en traumatología se recuperan antes si su cuerpo está bien servido de este tipo de tejido.

Una investigación, realizada con la colaboración de una empresa farmacéutica, asegura que hay varias enfermedades relacionadas con una masa muscular excesivamente baja.

Destaca entre ellas la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Según el trabajo científico, esas personas tienen tres veces más probabilidades de tener obesidad sarcopénica, una situación en la que confluyen la falta de músculo y el exceso de grasa.

Para gente mayor a los 60

Bastan dos sesiones semanales de ejercicios de fuerza de unos 40 minutos, calentamiento y descansos incluidos.

  • Incluir sentadillas para los cuádriceps, y para ejercitar los gemelos solo hay que ponerse de puntillas y recuperar la posición inicial, una vez tras otra.
  • Para el glúteo. Tumbarse boca arriba, con las piernas flexionadas, y elevar y bajar la cadera sucesivamente.
  • Abdominales tipo pilates. Sentado deja caer la espalda un poco hacia atrás, y las de tipo plancha, entre las que destacan las que se hacen tumbándose bocabajo, con el antebrazo apoyado en el suelo y aguantando el peso.
  • Para la parte superior del cuerpo puede trabajarse con mancuernas, bandas elásticas y artículos similares.
  • Además de flexiones, que pueden hacerse en las paredes, con las manos apoyadas en una mesa o en el suelo, cuando uno ya tiene suficiente fuerza.

Fuente: Begoña Molina

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