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La piel de los adultos mayores

La piel de los adultos mayores se torna más seca, sensible, frágil y flácida, pues produce menos elastina y colágeno y hay pérdida de grasa subcutánea.

La piel de los adultos mayores se torna más seca, sensible, frágil y flácida, pues produce menos elastina y colágeno y hay pérdida de grasa subcutánea.

Su función de barra protectora se debilita progresivamente, el intercambio de oxígeno en las células se ralentiza, la epidermis pierde cada vez más humedad y su elasticidad disminuye, y los factores ambientales son decisivos.

Podemos observar las evidencias en zonas como la cara, los hombros, la zona del escote y el dorso de las manos, las áreas del cuerpo más expuestas a la radiación solar.

Existe una disminución de la capacidad de regeneración celular: una reducción de la actividad de las glándulas sebáceas y sudoríparas; la producción de estrógenos (en la menopausia) influye en el contenido de humedad.

Por ello, la aplicación de bloqueador solar es esencial desde la niñez, pues se considera que a los 18 años de edad ya se cuenta con un 80 por ciento del daño solar acumulado durante toda la vida.

Se aconseja a mayores de 60 años usar un dermolimpiador con propiedades humectantes, aplicar dos veces al día una crema hidratante en todo el cuerpo, cremas redensificantes, protector solar y reforzarlo con antioxidantes”, dice.

Deben usar jabones dermatológicos, que mantienen el pH ácido de la piel y la humectación; exfoliantes para acelerar y favorecer el recambio epidérmico, y cremas con hidroxiácidos, que estimulen la formación de colágeno.

A lo anterior, se recomienda una alimentación equilibrada, realizar diariamente ejercicio, evitar la exposición al sol sin protección, procurar suficiente descanso y eludir la automedicación.

Se enfatiza la importancia de acercarse a un dermatólogo para tomar decisiones, sobre todo si aparecen manchas, lunares nuevos o lesiones que sangran.

En tiempos de pandemia

Al ser más frecuente el lavado de manos y uso de antibacterial, se aconseja:

  • Utilizar productos que ayuden a restaurar la barrera cutánea, especiales para pieles sensibles.
  • Apostar por los dermolimpiadores y la aplicación constante de cremas emolientes.
  • Tras la aplicación de gel o lavado, esperar que las manos estén secas para aplicar otros productos.
  • Para quien tiene piel seca, apostar por baños cortos con agua tibia y evitar el uso de zacates.

Fuente: Rossana Llergo

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