Hoy es un buen día para hablar de algo que casi todos sentimos… pero que no siempre entendemos bien: la depresión. Y empecemos aclarando algo importante, porque aquí suele estar el primer gran enredo:
Estar triste no es lo mismo que estar deprimido. Aunque desde fuera se parezcan, por dentro funcionan muy distinto.
La tristeza es una emoción. La depresión, un trastorno del estado de ánimo. Una es parte natural de la vida; la otra puede robártela si no te atiendes.
Vamos por partes, sin tecnicismos innecesarios y con los pies bien puestos en la realidad.
La tristeza es una emoción que también cumple su función, después de todo, estar triste es humano. Nos ponemos tristes cuando perdemos algo, cuando algo no sale como esperábamos, cuando nos duele una despedida o una decepción.
¿Pero qué es este sentimiento?
- Tiene una causa identificable
- Viene en olas (sube, baja, descansa)
- Permite momentos de alivio, distracción o incluso risa
- No anula por completo el interés por la vida
Puedes estar triste hoy, llorar un rato, hablar con alguien, dormir… y mañana sentirte un poco mejor. Eso es tristeza. Y no hay nada malo en ella.
Por su parte, la depresión es cuando el sistema se queda atascado, no es “estar muy triste”, ni basta “echarle ganas” para salir de esta. Es una condición que afecta cómo piensas, cómo sientes y cómo funciona tu cuerpo.
Algunos signos comunes:
- Sensación de vacío o desesperanza casi constante
- Pérdida de interés en cosas que antes importaban
- Cansancio extremo, incluso sin hacer nada
- Problemas de sueño (mucho o muy poco)
- Cambios en el apetito
- Dificultad para concentrarse
- Culpa excesiva o sensación de inutilidad
- Pensamientos de muerte o de no querer estar aquí
Y algo clave: No siempre hay una causa clara.
A veces todo “está bien” afuera… pero por dentro no.
Entonces… ¿hay distintos tipos de depresión?
Sí. Y conocerlos ayuda a dejar de pensar que todo es igual o que todo se soluciona con fuerza de voluntad.
1. Depresión mayor
Es la más conocida. Los síntomas son intensos y duran al menos dos semanas, afectando seriamente la vida diaria.
2. Distimia (depresión persistente)
Menos intensa, pero más larga. Cuando las personas se dicen: “Así soy yo, siempre cansado, siempre apagado”, cuando en realidad llevan años viviendo con depresión sin saberlo.
3. Depresión estacional
Suele aparecer en ciertas épocas del año, especialmente en meses con menos luz solar. Digamos que el cuerpo también opina.
4. Depresión posparto
Puede afectar a madres (y también a padres). No es falta de amor ni ingratitud: es un cambio profundo a nivel hormonal, emocional y físico que suele ocurrir en los primeros meses después del nacimiento de tu bebé.
5. Depresión en el trastorno bipolar
Aquí la depresión se alterna con episodios de manía o hipomanía. Por eso es tan importante un diagnóstico adecuado.
¿Cuándo dejar de aguantar y buscar ayuda?
Esta es una pregunta clave. Y la respuesta corta es:
Cuando ya no puedes solo.
Más específicamente, busca ayuda si:
- Los síntomas duran más de dos semanas
- Afectan tu trabajo, estudios o relaciones
- Sientes que todo esfuerzo es inútil
- Te aíslas cada vez más
- Aparecen pensamientos de hacerte daño o desaparecer
Pedir ayuda no es rendirse. Es mantenimiento preventivo del cerebro.
¿Y con quién acudir?
No todos los caminos son iguales, pero todos son válidos.
Psicólogo o psicóloga
Ideal para:
- Terapia
- Entender patrones de pensamiento
- Aprender herramientas emocionales
- Procesar experiencias difíciles
Psiquiatra
Ideal para:
- Evaluar si se necesita medicación
- Ajustar tratamientos
- Casos moderados a severos
(La medicación no te quita la personalidad ni te hace débil. A veces solo ayuda a que el cerebro vuelva a tener piso.)
Médico general o familiar
Buen primer paso si no sabes por dónde empezar. Te puede orientar y derivar con el especialista.
Y si hay riesgo inmediato, busca servicios de emergencia o líneas de crisis en tu país.
Tu vida importa más que cualquier duda.
Fuente: Terapia Integral




