Mente Saludable

Un ser deslumbrante en todos sentidos

Ella es diferente, no solo por su color o su porte, su personalidad es deslumbrante en todos sentidos.

Desde que te recibí, supe que serías muy independiente, y antes de una inminente mudanza, no solo te negaste a entrar a una casa ya vacía, sino que te apoderaste de un pequeño jardín y decidiste quedarte dormida mientras yo te contemplaba de cerca.

Luego de algunas horas, por fin te resguardé y conociste a la loquilla de tu hermana mayor, Kaori. Pero en medio de una pandemia, sabía que no sería posible cuidarte bien y casi de inmediato viajó mi familia para llevarte al que sería nuestro nuevo hogar, donde sabía que te cuidarían mucho mejor.

En unas cuantas semanas, tomaste el control, y no hubo un día en que no demostraras tu picardía para hacer y deshacer, para perseguir y hasta para cavar.

Cuando ya te tuve cerca, vi como aprendiste a jugar y correr alrededor de árboles, muebles y nosotros mismos, dejabas tus huellas y llenabas de lodo a cada paso, eras un peligro cuando te metías en la tierra. Ese color blanco se tornaba gris en menos de un día, pero tú te veías muy feliz, satisfecha con tus travesuras.

Un ser deslumbrante en todos sentidos

Tu pelaje no tiene igual, es suave y terso, tu mirada es cálida y profunda, no podía ser distinto, y aprendí a quererte cada día más. A unos meses de convivir contigo, ibas y venías entre nosotros, tomabas control de todo el lugar y simplemente te convertiste en la reina… claro, entre los peluditos.

Un día cuando caía la noche, sin esperarlo, te vi a la distancia y corriste lo más rápido que pudiste para encontrarme, y vaya que lo hiciste, te topaste con mi rodilla y por un instante pensé que se había roto. Eso sí, mientras me retorcía de dolor, tu me saludabas efusivamente con la lengua. Luego de unos minutos, simplemente te echaste a un lado a hacerme compañía.

Ibas y venías, subías escaleras y por alguna razón, encontraste muy divertido ver hacia la calle desde una pequeña ventana, imaginé que era tu canal de TV preferido. Ya que, a pesar de la posición, podías quedarte dormida en un escalón que te quedaba muy corto.

La sala, era tuya, y más de una vez te pillé sobre los sillones, aunque sabía que la jefa de familia pegaría el grito, nunca te regañé, solo te bajé y te pedí que tuvieras cuidado de no manchar los muebles o comerte algún cojín.

Fuiste una protectora inbatible, y hasta me ayudaste a cazar ratones por las noches, no cabe duda que tu inteligencia era la de un alma llena de sabiduría, la cual quizá no te dejó soportar lo que vendría más adelante.

Eres el cachorro más maduro que jamás conocimos, siempre sobria, con una personalidad impactante. Creciste muy rápido, y hoy te despido de igual forma. Llegaste y simplemente llenaste nuestras vidas, incluso la de mi padre, quien no dudó en echarte a perder y darte todo tipo de bocados y golosinas para tenerte contenta y consentida.

Como ninguna, adoraste subir y viajar en carro, y no dudabas en acércate y hacerlo sin permiso cuando podías. Aprendiste a convivir con todos, a jugar con todos, y a dominar a todos con tu sola presencia. Aunque un par de veces hubo que controlarte y pedirte que no te pasaras de ruda con tus hermanas.

Entretanto, de forma inesperada, llegaron cachorros a la casa… y aunque en un principio te veías algo celosa, de inmediato aprendiste a convivir con ellos.

Un día, algo ocurrió, y aunque siempre fuiste muy especial a la hora de comer, lo hacías por tu cuenta. Pero sin anunciarlo, se te fue el apetito, y en unos cuantos días perdiste peso y energía.

Luego de distintas visitas de veterinarios, te llevamos a hacer varios análisis y descubrimos que en verdad soñabas con ser madre. Un embarazo psicológico no es solo eso, y descubrimos que tiene consecuencias en la salud de las hembras que lo padecen.

Pero no solo vimos eso, y el ultrasonido no dejó tranquilo al veterinario, y por supuesto tampoco a nosotros.

Cambiamos tu dieta, seguimos tu tratamiento, pero no te dieron ganas de comer por tu cuenta nuevamente. Aprendimos a moler tu alimento y a dártelo con cuchara, ya hasta tenías una especial, y aunque a veces no dudabas en negarte a comerlo, lo hacías y nos dabas el gusto de verte mejor.

Con mucha paciencia, decidimos aceptarte tal y como quisieras ser en casa.

Luego de un baño, caminaste de forma muy extraña y temí que te hubieran lastimado o tirado al piso, eso le pasó a Hana, y aquel veterinario no tuvo siquiera la decencia de avisarme, solo para descubrir que habían fracturado a mi chocolate, quien nunca quedó bien después de eso.

De vuelta al veterinario, y ahora encontramos que tenías displasia de cadera, y que habría que controlar tu peso y cuidarte con otros complementos alimenticios. Y no hablamos de un perro de edad alta, a penas te acercas a los tres años.

No dejamos de pensar en tu futuro, y no pudimos más que celebrar tu alegría al verte jugar con los cachorros, ser increíblemente tolerante, a pesar de que se desbordaban sobre ti, e incluso te arrancaban pelo de tu preciosa cola de doble rosca.

Pasaron los meses y con la recomendación del veterinario decidimos esterilizarte para que no tuvieras problemas más adelante. Pero no fue un procedimiento normal, y encontraron distintos quistes dentro de ti, los cuales podrían provocar un cáncer más adelante.

El cáncer me ha dejado ya muchas cicatrices, algunas que me recuerdan constantemente que la vida no es para siempre, que somos muy afortunados. Pero también, el dolor, el recuerdo, y cuestionar si hice lo correcto en determinados momentos.

Algo se rompió dentro de mí en 2019, y precisamente ahora que sentía que todo estaría mejor, ocurre esto. Solo pude pedir por tu salud y por la de todos en casa.

Regresaste de tu cirugía, pero tu forma rebelde de ser y tu incomodidad te hicieron rascarte de formas que ni el veterinario hubiera esperado.

Te devolvimos con él, deseando de que pudieran atenderte mejor, que te cuidaran, pero hoy nos despertamos sin ti, mis plegarias no se hicieron realidad.

Siento como si tu misma hubieras tomado tu vida, aparentemente estabas sedada y no habrías sufrido mientras perdías sangre, mientras te quedabas dormida para no volver a despertar. Pero al verte teñida de rojo, me invade la angustia de lo que habrás sentido.

No estuve contigo, no pude o pudimos cuidarte mejor. Si hubiera ocurrido en casa, quizá hubiera sido un dolor impensable para ti, un sufrimiento inexplicable. ¿Habríamos podido detenerte? ¿Por qué no estuvo un médico de guardia al pendiente de ti?

Escuché al médico, intento comprender sus procedimientos, pero ella no debió dejar este mundo sola, en esa forma. Sigo aturdido, incrédulo, solo hace un día te abracé y apapaché como siempre, te vi directo a los ojos y te pedí que no te desesperaras, que ibas a mejorar.

Pero mi niña rebelde lo fue hasta el final. Me repiten que por algo pasan las cosas, que por algo son nuestros ángeles de la guarda, y entonces pregunto, ¿a quién le he hecho tanto daño? ¿Qué he dejado de hacer para perderte de esta forma?

Estos seres nos hacen amar, crecer, nos nace protegerlos -aunque en realidad ellos nos protegen- y al partir se lleven un pedazo bien grande de nuestro corazón y de nuestra vida misma. Se fueron tres pedacitos de mi alma en 3 años, y todavía no lo comprendo.

Al despedirte, solo pedí que encuentres la luz y el camino a casa, sé que no dejarás de cuidarnos y nosotros de amarte.

Hasta pronto Akemi.

Fuente: Roberto González O.

You may also like

Leave a reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *