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Los deprime no trabajar

Los deprime no trabajarCuando un hombre pierde su empleo suele verse invadido por un sentimiento de enojo por tratarse, casi siempre, de algo inesperado. Inmediatamente después, aparece la incertidumbre, al no saber qué va a pasar si deja de llevar dinero a casa.

Sin embargo, hablar de estas sensaciones le cuesta mucho trabajo, lo que convierte su pérdida en una tragedia que, en algunos casos, puede terminar en depresión.

Más que de una incapacidad, se trata de una inhabilidad para dar nombre al sentimiento que están experimentando, explica Cristina Sánchez, maestra en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

«Difícilmente un varón va a expresar que se siente temeroso o inseguro frente a su futuro inmediato; es difícil que lo reconozca.

«Culturalmente se les enseña que su vida emocional debe ser negada, no reconocida, lo que provoca que no saben decir cómo se están sintiendo, y entonces lo actúan, buscan oportunidades para descargar el enojo y la frustración generadas por el de-sempleo, por lo que algunos se vuelven violentos», aclara la también psicoterapeuta.

En una situación así, la familia, y principalmente la pareja, puede convertirse en un importante apoyo para que el hombre retome la confianza en sí mismo y tome una decisión respecto a cómo quiere seguir viviendo, comenta la psicóloga española Gine-tte Lespine en Superar el Desempleo en Familia (Editorial De Vecchi).

Una sociedad demandante

Un rol que la sociedad ha asignado a los hombres es el de proveedor, de ahí que quienes cumplen con ese papel dan al trabajo un valor monetario y emocional, porque se convierte en fuente de su autoestima, al hacerlos sentir útiles y productivos.

«Cuando los varones llegan a determinada edad, se espera que sean hombres empleados, y, en la sociedad de consumo, entre más importante sea su empleo, se considerará más exitoso y es más reconocido», asegura Sánchez.

«El modelo de éxito actual, además de ganar mucho dinero, es ‘destacar en el trabajo‘; por ello (hombres y mujeres) invertimos en él mucho de nosotros: tiempo, energía, sentimientos», refiere Lespine.

Entonces, cuando pierde el empleo, el hombre se siente poco valorado y angustiado, porque está dejando de cumplir con lo que le ha sido asignado.

En las parejas en las que el rol de proveedor no es exclusivo del hombre, cuando este está desempleado el impacto es menor.

«Un estudio de Asunción Lara, psiquiatra del Instituto Nacional de Psiquiatría, que realizó, durante 15 años, sobre el cumplimiento de los roles femeninos y masculinos reveló que quienes no asumen rígidamente su rol tienen más salud mental», comenta Sánchez.

Por lo anterior, una recomendación de la psicóloga es que el hombre debe tener presente que siempre está latente la posibilidad de perder el empleo, y si así sucede, debe flexibilizarse respecto a su papel de proveedor.

«Asumir que no es tan grave dejar de ser el proveedor de casa si pierde el empleo y la pareja está trabajando, bajo un común acuerdo, permitirse que sea ella quien se convierta en proveedora económica pueden intercambiar los papeles que socialmente se les han asignado», sugiere Sánchez.

Hablar, hablar y hablar

Las expertas coinciden en que la expresión verbal de lo que sienten los hombres es el mejor inicio para empezar a dar sentido a algo que para el desempleado no tiene explicación.

«Al igual que las víctimas de accidentes o atentados, por ejemplo, la emoción que se siente en el momento del impacto es tan fuerte, que a veces impide pensar», escribe Lespine.

Sánchez propone «hacer juntas de familia donde se promueva la expresión de los sentimientos«. Y a las mujeres, echar mano de uno de sus aprendizajes sociales: «Podemos apoyar en esa parte porque hemos sido entrenadas para identificar más fácilmente lo que sentimos. Nos podemos imaginar cómo se siente la pareja desempleada y preguntarle para que empiece a hablar».

Dentro de este apoyo, se debe evitar presionar al desempleado y respetar su periodo de duelo, porque es válido que esté triste algún tiempo, sobre todo si el hombre se ve desocupado alrededor de los 40 o 45 años.

«Cuando se acerca la edad de la madurez, el desempleo se vive a menudo como el golpe de gracia que pone fin a la vida profesional antes de tiempo. No obstante, es posible recuperarse en cualquier etapa de la existencia… siempre que estemos convencidos de ello», concluye Lespine.

¡Cuidado!

Estas conductas pueden ser señales de un estado depresivo mayor, por lo que es necesario pedir ayuda a un terapeuta.

· Beber alcohol más de lo habitual.
· Manejar a alta velocidad y buscar situaciones absurdas al conducir.
· Reaccionar violentamente ante hechos que no lo ameritan.
· Permanecer en casa por varios días, sin hacer nada.
· Dejar de bañarse y arreglarse.

Fuente: Hombres por la Equidad.

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