Estamos hambrientos de serotonina

Estamos hambrientos de serotonina

Hay un combustible que hace que el cerebro se encienda de gusto por la vida, que transmita pensamientos y sentimientos positivos y logra que veamos el vaso medio lleno: la serotonina. Conocer esta sustancia nos puede ayudar a elevar nuestro ánimo de manera casi inmediata y natural sin necesidad de Prozac.

Sabemos que las epidemias han minado o acabado con poblaciones enteras a lo largo de la historia pero, ¿cuál es la de hoy?

La nuestra, la epidemia del siglo 21, no canta mal las rancheras, y es la deficiencia de serotonina. Esto se traduce en una especie de nube negra que ataca a personas de todo tipo, de edades, de sexos y de condición social. Esta nube está compuesta de ansiedad, preocupación, estrés, apatía, irritabilidad, insomnio y mal humor. ¿Te suena familiar?

De acuerdo con los estudios, los índices de depresión y ansiedad en el mundo se han triplicado desde 1990, y el 80 por ciento de las personas que consultan a un doctor se queja de exceso de estrés.

Sin embargo, hay un combustible que hace que el cerebro se encienda de gusto por la vida, que transmita pensamientos y sentimientos positivos y logra que veamos el vaso medio lleno: la serotonina. Conocer un poco acerca de esta sustancia nos puede ayudar a elevar nuestro ánimo de manera casi inmediata y natural sin necesidad de Prozac.

¿Cómo se obtiene?

La serotonina, como todo lo demás en el organismo, se obtiene de lo que comes. Se sintetiza en el cuerpo por un aminoácido (un ladrillo que construye proteína) que se llama triptófano, el cual está en alimentos como: pavo, carne de res, carne de cerdo, pollo, pescado, huevos y quesos.

Si no hay suficiente triptófano en la dieta, simplemente tu cuerpo no puede convertirlo en una sustancia que se llama 5HTP, y que a su vez la transforma en serotonina.

Asimismo, hay fuertes enemigos que impiden esta producción, como la cafeína, el alcohol, la cocaína, las píldoras para adelgazar con efedrina y el endulzador químico aspartame, que encuentras en muchos refrescos y productos light.

La falta de sol y de luz en el invierno (de ahí que la depresión en esta época aumente) también provoca que disminuyan las reservas de este vital químico emocional para el cerebro.

Parte del problema es que, en general, no estamos expuestos a la luz ni siquiera en los días de verano. La luz del sol varía de 2 mil lux (la medida estándar de iluminación) en un día nublado a 100 mil lux en uno claro de verano. Lo malo es que pasamos la mayor parte del tiempo en interiores o en el coche, por lo tanto obtenemos menos de 100 lux al día.

Exponte a la luz del sol o a una luz brillante artificial (150-200 watts) por lo menos media hora diaria. Esto no sólo contribuye a mejorar tu humor, sino que también te ayuda a dormir mejor en la noche. Hacer ejercicio, aunque sea breve y moderado, es de gran ayuda para elevar la serotonina al oxigenar el cuerpo. Así que sal y camina, o corre a la luz del día cada vez que puedas.

Por otro lado, las dietas muy drásticas o saltarse las comidas nos privan de las vitaminas y minerales que ayudan a esta mágica conversión de triptófano a serotonina. Sin calcio, magnesio, vitaminas D y B, por ejemplo, los neurotransmisores no se pueden generar de manera consistente.

¿Y qué decir del estrés? Vivir crónicamente estresados inhibe a nuestro cerebro de serotonina, al utilizarla por completo para tratar de mantenernos en calma.

Otro factor es el hereditario. Hay personas que tienen una subproducción genética de serotonina, agravada por todos los factores mencionados anteriormente. Asimismo, si en lugar de amamantarlo a un bebé le damos fórmula, leche de vaca o de soya, lo privamos de este precioso aminoácido.

El caso es que, sin importar la causa de la disminución de serotonina, con estas sencillas medidas siempre podremos mejorar nuestro humor, ver el vaso medio lleno y experimentar el gusto por la vida. ¿No crees?

Fuente: gabyvargas.com