Jugar es algo serio: nos mantiene vivos

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El juego ayuda a la salud emocional, es una terapia efectiva para reducir el estrés en niños víctimas de violencia y, a mayor escala cuando se vive un desastre humanitario, empezar a generar resiliencia para seguir adelante, incluso en el caso de los adultos.

El juego ayuda a lograr la estabilidad emocional que te permita ser resiliente y empezar a recuperar un ritmo de vida más normal.

Los momentos en que resulta inapropiado jugar son los momentos en que más se necesita jugar.

Las horas posteriores a fenómenos como huracanes, erupciones o sismos son esos momentos «inapropiados» en que una pelota, algún animal de tela, un poco de plastilina o una simple varilla para hacer trazos en la tierra húmeda se convierten en «quita pesares» para la población afectada, sin importar la edad.

La elaboración, con los participantes, de memoramas según su particular contexto, y los juegos de rol y de conflicto son otras estrategias para propiciar la reflexión sobre temas de seguridad (contra el acoso infantil y la violencia), la salud, y también generan aprendizaje.

El juego reivindica el derecho al placer del niño, sobre todo en contextos difíciles donde el placer parece contrario a su situación.

Así, siguiendo la lógica, concentrarse en esa actividad divertida que implica jugar devuelve al adulto la capacidad de situarse en el presente -y un presente placentero- como es propio de la niñez, en lugar de estar -como suele hacerlo- pensando en el pasado (lo que perdió) o el futuro (que es incierto).

Y también de que, jugar es algo serio: nos mantiene vivos.

Fuente: Jorge Vidal, Astrid Viveros, Carmen López.

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