Todos nos preocupamos por el deterioro de la naturaleza, pero pocos tomamos medidas para detenerlo. Lo más común es que pensemos que no podemos hacer nada o que esperemos a que el gobierno se encargue.

Sin embargo, un hombre de la India, preocupado por la deforestación de un lugar vecino a su hogar, nos muestra lo que un individuo puede hacer.

Jadav Payeng, a quien llaman Molai, tenía 16 años cuando descubrió unas serpientes muertas por deshidratación en una barra de arena sin vegetación del río Brahmaputra en Assam, en el nordeste de la India. Su primera reacción fue plantar en el lugar 20 vástagos de bambú.

Más tarde se unió a un proyecto de reforestación del Departamento de Silvicultura Social del departamento de Golaghat. Cuando concluyó el proyecto, decidió seguir la labor y escogió para hacerlo esa rivera de arena en las márgenes del Brahmaputra donde había encontrado los cuerpos de las serpientes.

Desde hace 40 años, Molai ha plantado todos los días un árbol en ese lugar. Primero sembró bambús, como la primera vez, pero con el tiempo ha añadido otras especies que prosperan en el suelo arenoso.

A lo largo de estas cuatro décadas suman ya miles los árboles que con el tiempo han crecido y esparcido sus semillas. El páramo que lo angustió tanto de joven es hoy un bosque de 550 hectáreas.

Lo llaman el bosque de Molai y hoy habita en él una nueva fauna que incluye tigres de Bengala, ciervos, rinocerontes y elefantes.

La historia de Molai, a quien con frecuencia se identifica como el Hombre Bosque de la India, fue desconocida hasta que en 2007 la contó el periodista y fotógrafo Jitu Kalita.

Desde entonces varios periodistas y cineastas de la India y otros países han realizado reportajes y documentales sobre él y el bosque. Su vida también ha sido plasmada en un libro infantil ilustrado, Jadav y el lugar de los árboles.

En 2015 Molai recibió la condecoración de Padma Shri, uno de los más altos galardones civiles que otorga el gobierno de la India.

El propio sembrador de árboles es hoy un hombre de 57 años, de baja estatura, cabello gris y cuerpo fuerte, que habla con facilidad en su idioma natal, y genera una inmediata conexión con el público. Es una de esas personas que dan ganas de abrazar.

En un mundo necesitado de héroes la historia de Molai es aleccionadorala historia de Molai es aleccionadora. Destaca, por supuesto, su perseverancia. Plantar un árbol cada día durante 40 años parece una tarea imposible, pero los resultados, cuando se ven, resultan asombrosos.

Otra enseñanza tiene que ver con lo que puede lograr un individuo sin la mediación de un gobierno.

Fuente: Sergio Sarmiento

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