Mente Saludable

¿Cómo sería tu vida si no vivieras con miedo?

Si conectaras profundamente con el amor, la compasión, la paz, el perdón o la aceptación responderías de una manera más creativa a las circunstancias, notarías que no eres tus pensamientos repetitivos relacionados a la angustia del futuro, por lo tanto, le darías espacio a la sabiduría que hay dentro de ti para vivir desde otra posibilidad.

Hay dos tipos de miedo: Al que respondemos a nivel instintivo cuando hay una amenaza en el momento por ejemplo; cuando creemos que un coche nos va a atropellar, respondemos y actuamos en función de nuestro instinto de sobrevivencia.

Pero, hay otro miedo que tiene que ver más con ideas, pensamientos, ideas del futuro y toda esa conversación de carencia que está gobernando mucho la mente colectiva y la mente individual.

Es un miedo que requiere la disposición de nosotros, se va mucho al futuro, nos contagiamos y lo volvemos colectivo, lo pasamos a través de malas noticias, de exagerar y ahí lo que sucede es que nos sentimos paralizados, victimizados, como si el poder estuviera afuera de nosotros.

¿Te has preguntado cómo salir del hábito de vivir en creencias de pensamiento como la angustia o el miedo? ¿Puedes vivir en la dimensión de la paz, el perdón y la aceptación?

Se requiere una gran voluntad. Sería una posibilidad vivir desde la paz el tema del coronavirus y si sí estarías dispuesta a soltar todos los hábitos de pensamiento, soltar esa adición al drama que ahora le estamos proyectando al coronavirus, pero para la mayoría de los seres humanos no es ni siquiera una elección.

Ejercitar la voluntad viene de la mano de un hartazgo, de echarle la culpa a todo el mundo, a la ex pareja o la infancia, el día que te dejas de justificar y empiezas a reconocer el poder que tienes como ser humano para verte como el creador de tu vida, el poder que tiene tu palabra y tu voluntad, ese día te conectas con la esperanza y los maestros que traen posibilidades.

Se puede vivir en una manera más silenciosa al darle apertura a la contemplación, más apoyada en la armonía y no tratar de entender analíticamente todo.

Fuente: Alejandra Llamas

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