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¿Cómo puedo reconocer el agotamiento laboral?

el agotamiento laboral

El síndrome del trabajador quemado, o burnout, no se define como una condición médica, sino como “una manifestación de estrés crónico total”.

La Organización Mundial de la Salud describe el burnout como un fenómeno laboral caracterizado por la sensación de agotamiento, apatía y reducción de eficacia.

Uno empieza a no funcionar muy bien, no cumples plazos, te frustras, y tal vez estás irritable con tus colegas, dicen expertos.

Pero el estrés puede tener efectos de desgaste en el cuerpo, especialmente cuando no se alivia después de un tiempo, por lo que tiene sentido que también pueda provocar síntomas físicos.

Cuando las personas están sufriendo estrés, sus cuerpos experimentan cambios entre los que se incluyen la producción de mayores niveles de hormonas del estrés, como cortisol, adrenalina, epinefrina y norepinefrina.

Estos cambios son útiles a corto plazo, pues nos brindan la energía para superar situaciones difíciles, pero con el tiempo, comienzan a dañar el organismo.

Nuestros cuerpos no fueron diseñados para el tipo de estresores que enfrentamos hoy.

¿Cómo reconocer el agotamiento en tu cuerpo?

Un síntoma común del desgaste laboral es el insomnio.

Los estudios sugieren que el estrés crónico interfiere con el sistema neurológico y hormonal complejo que regula el sueño. Se trata de un círculo vicioso, porque la falta de sueño trastorna aún más el sistema.

Si has notado que no logras dormir por la noche, eso podría ser una señal de que estás experimentando desgaste laboral, y tu insomnio podría exacerbar el problema.

El agotamiento físico es otra señal común.

Los cambios en los hábitos alimenticios también pueden ser señal de este agotamiento laboral, ya sea un aumento o disminución en la cantidad de alimento que se ingiere.

Es posible que las personas coman menos porque están muy ocupadas o distraídas, pero también es posible que, de repente, estén antojados de “esos alimentos confortables que a todos nos gustan cuando necesitamos algo que nos haga sentir mejor.

Las investigaciones también sugieren que las hormonas del estrés pueden afectar el apetito, haciendo que las personas se sientan menos hambrientas de lo normal cuando están con mucho estrés y más hambrientas de lo normal cuando el estrés se alivia.

Las jaquecas y dolores de estómago también pueden ser provocados por el desgaste laboral. En un estudio en Suecia se halló que el 67 por ciento de los participantes reportaban náuseas, gases o indigestión y que 65 por ciento sufrían de dolores de cabeza.

Cabe mencionar que el desgaste laboral puede desarrollarse en paralelo con la depresión o la ansiedad, y que ambas pueden causar síntomas físicos.

La depresión puede causar dolores musculares, dolor de estómago, trastornos del sueño y cambios en el apetito. La ansiedad está vinculada a los dolores de cabeza, la náusea y la dificultad respiratoria.

¿Qué puedes hacer?

Si experimentas síntomas físicos que podrían ser indicativos de agotamiento, considera consultar a tu médico de cabecera o a un profesional de salud mental para determinar si estos son causados por el estrés o tienen su origen en otras condiciones físicas. No ignores los síntomas ni asumas que no importan.

Es muy fácil desestimar tus propios síntomas, sobre todo en nuestra cultura, en la que nos enseñan a trabajar arduamente.

Si se trata de desgaste laboral, la solución más adecuada es atender el origen del problema.

El desgaste laboral por lo general se reconoce cuando está causado por el trabajo, pero el estrés crónico puede tener una multiplicidad de causas: problemas económicos, dificultades en las relaciones afectivas, carga de cuidados, entre otras.

Piensa en “las piedritas en tu zapato con las que tienes que lidiar todo el tiempo”, y haz una lluvia de ideas sobre cómo deshacerte de algunas de ellas.

A pesar de que la cultura popular se ocupa del tema, el desgaste laboral no se “arregla” con mejores autocuidados, de hecho, esto solo empeora el problema porque traslada la culpa y la responsabilidad a quienes sufren del burnout e insinúa que son ellos quienes deben hacer más para sentirse mejor, cuando no es así.

Sin embargo, algunas decisiones de estilo de vida pueden hacer que el agotamiento sea menos constante. El apoyo social, por ejemplo, puede ayudar.

Esto podría incluir hablar con un terapeuta o reunirse con amigos (incluso a través de video llamadas).

Dormir más también puede ayudar, así que si sufres de insomnio, habla con un médico sobre los posibles tratamientos.

Cuando el burnout resulta de dificultades laborales, puede ser buena idea solicitar mejores condiciones de trabajo.

Incluso los pequeños cambios pueden hacer mella en el riesgo de agotamiento si solucionan un problema que las personas enfrentan en el trabajo diariamente. Son los estresores crónicos los que a la larga terminan por desquiciar a las personas: les falta el equipo adecuado, no tienen todos los implementos que necesitan, les falta personal para trabajar.

Tomar tiempo libre también puede ayudar, pero lo más seguro es que sea como una curita temporal.

Por último, aunque tal vez no quieres añadir más cosas a tu día, intenta separar tiempo diariamente para algo que te encanta.

Debes encontrar algo fuera del trabajo que ayude a desestresarte, que te ayude a enfocarte y te ayude a relajarte.

Fuente: Lotte Dyrbye, Jeanette M. Bennet

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