Dieta & Nutrición

Deja de hacer dieta y empieza a saborear la comida

Deja de hacer dieta y empieza a saborear la comida

Este es un propósito que puedes cumplir durante todo el año: deja de hacer dieta y empieza a saborear la comida.

Puede parecer un consejo sorprendente, pero cada vez hay más pruebas científicas que sugieren que las dietas no funcionan. Las investigaciones demuestran que la restricción de alimentos solo hace que se quiera comer más.

Y a largo plazo, las dietas pueden ser contraproducentes, ya que activan las defensas de supervivencia del organismo, ralentizan el metabolismo y dificultan aún más la pérdida de peso en el futuro.

Proponerse dejar de hacer dieta no significa renunciar a tener un cuerpo más sano. Pero para vencer el hábito de hacer dieta, tendrás que dejar de lado las viejas ideas de contar calorías, prohibir tus comidas favoritas y medir el éxito con un número en la báscula.

¿Cuál es la alternativa? Muchos investigadores enfocados en el peso están fomentando un nuevo enfoque de la alimentación saludable basado en la ciencia del cerebro.

Una serie de técnicas que fomentan la conciencia plena de cómo comemos, la aceptación relacionada con los alimentos que queremos comer y los ejercicios de alimentación intuitiva pueden utilizarse para sofocar los antojos y remodelar nuestros hábitos de alimentación.

Los argumentos contra las dietas

Abandonar el hábito de hacer dieta -al inicio del año- es especialmente difícil debido al atractivo de los planes de pérdida de peso efectistas.

Muchos programas y aplicaciones de dietas tratan de atraer a los usuarios con la promesa de que no promueven una dieta tradicional, solo para imponer prácticas de alimentación restrictivas una vez que te inscribes.

Además de la decepción que supone no mantener el peso, las dietas afectan al organismo de varias formas negativas.

Entre otras cosas, la alimentación restrictiva puede afectar a la memoria y a la función ejecutiva, provocar pensamientos obsesivos sobre la comida y desencadenar un aumento del cortisol, una hormona del estrés.

Si todavía estás tentado a probar esa dieta de moda, considera esto: las pruebas sugieren que las dietas restrictivas y la pérdida rápida de peso pueden provocar cambios duraderos que pueden ralentizar el metabolismo, alterar las hormonas que regulan el hambre y dificultar los esfuerzos por mantener el peso.

Los estudios sugieren que un cuerpo que ha perdido peso responde de forma diferente a la comida y al ejercicio que un cuerpo que no ha hecho dieta, y los músculos de una persona a dieta pueden quemar menos calorías de las esperadas durante el ejercicio.

Estos cambios ayudan a explicar por qué muchas personas que hacen dietas crónicas pueden estar ingiriendo muchas menos calorías que las personas de su entorno, pero siguen sin perder peso.

Cómo formar hábitos alimenticios

Especialistas han probado una serie de prácticas de atención o conciencia plena para ayudar a las personas a dejar de fumar, disminuir la ansiedad y reducir la alimentación emocional.

También han creado una aplicación llamada Eat Right Now que emplea ejercicios de atención plena para ayudar a las personas a cambiar sus hábitos alimenticios.

Un estudio de la Universidad de Brown sobre 104 mujeres con sobrepeso descubrió que el entrenamiento de atención plena reducía en un 40 por ciento los antojos de comida.

Otra revisión realizada por científicos de la Universidad de Columbia descubrió que el entrenamiento de la alimentación intuitiva y consciente a menudo daba lugar a al menos un beneficio para la salud metabólica o del corazón, como la mejora de los niveles de glucosa, la reducción del colesterol o la mejora de la presión arterial

Se señala que los comportamientos alimenticios, como picar papas fritas distraídamente o darse un atracón de postre, suelen ser el resultado de malos hábitos que se refuerzan con el tiempo.

Los bucles de hábitos pueden formarse a partir de experiencias buenas y malas, explican. El helado, por ejemplo, es algo que podemos comer durante las celebraciones. El cerebro aprende a asociar la ingesta de helado con la sensación de bienestar.

Aunque el helado no tiene nada de malo, puede convertirse en un problema cuando empezamos a comerlo irreflexivamente después de un desencadenante emocional, como cuando nos sentimos estresados o enfadados.

Entonces nuestro cerebro aprende que el helado también nos hace sentir bien en momentos de estrés, reforzando una mala costumbre.

Con el tiempo, podemos desarrollar una serie de hábitos que nos llevan a comer cuando estamos aburridos, enfadados, estresados, cansados después del trabajo o incluso cuando vemos la televisión.

Lo complicado de los hábitos es que cuanto más automáticos se vuelven, con el tiempo ni siquiera estás eligiendo conscientemente estas acciones.

Si se comprenden los hábitos y los factores que los desencadenan, se puede ayudar a romper el control que ejercen actualizando el cerebro con nueva información.

Los ejercicios de atención plena, que te obligan a reducir la velocidad y pensar en cómo y por qué comes, pueden enseñar a tu cerebro que un alimento que te hace sentir bien no te hace sentir tan bien como recordabas.

Practicar la atención plena cada vez que se busca un alimento o se decide comerlo puede interrumpir el hábito.

Fuente: Tara Parker-Pope

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