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El País de Nunca Jamás

"¡No quiero crecer!" es el grito silencioso de muchos hombres de 30 años de edad en adelante que sufren el "síndrome de Peter Pan", quienes, tras una fachada de supuesta seguridad y una vida de constante diversión, tienen miedo a madurar, por lo que evaden los compromisos, ya sean de pareja o laborales, e incluso varios de ellos temen independizarse de sus padres.

“¡No quiero crecer!” es el grito silencioso de muchos hombres de 30 años de edad en adelante que sufren el “síndrome de Peter Pan“, quienes, tras una fachada de supuesta seguridad y una vida de constante diversión, tienen miedo a madurar, por lo que evaden los compromisos, ya sean de pareja o laborales, e incluso varios de ellos temen independizarse de sus padres.

Este estancamiento, explican psicólogos, pueden generarles ansiedad y depresión derivado de la dificultad de concretar sus objetivos y el constante fracaso de todo lo que emprenden.

Estos rasgos de personalidad, aunque no se encuentran clasificados en ningún manual de diagnóstico psiquiátrico, han tomado fuerza en la psicología popular desde la publicación del libro El Síndrome de Peter Pan, el Niño que Nunca Crece, escrito por Dan Kiley en 1983. A partir de ahí, diversos expertos han estudiado el tema.

¿Quién no recuerda a Peter Pan, un adolescente juguetón interesado en vivir una aventura diferente cada día y cuyo atractivo tenía suspirando a las sirenas, pero que se aferraba al País de Nunca Jamás para no madurar, pues creía que, si lo hacía, se volvería triste y amargado.

Al igual que él, en la actualidad hay muchos hombres, aunque también existen algunas mujeres, que temen crecer, por lo que evitan adquirir responsabilidades, como consolidar una pareja estable o tener un trabajo sólido, explica la psicóloga Adriana González, del Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social (IIPCS).

Por este motivo, añade, lejos de la aparente imagen de seguridad y desenfado, son personas tristes y solitarias, pues, a pesar de que desean alcanzar ciertas metas, no lo logran, ya que, como un mecanismo de defensa, cortan de forma inconsciente toda posibilidad de comprometerse, asegura el psicólogo David Auronz, catedrático de la Facultad de Psicología de la UNAM.

Además, también tienen problemas para independizarse de sus padres, por lo que es posible que, si logran involucrarse con alguien, sea una pareja que los sobreproteja y a quien le cedan todas sus responsabilidades.

De vuelta a la realidad

No obstante que este síndrome no es una enfermedad psiquiátrica ni un trastorno de la personalidad, en la actualidad sí existen muchos hombres de 30, 40 y hasta 50 años de edad que se identifican con este personaje, aseguran los expertos.

Sin embargo, Auronz advierte que el peligro que corren este tipo de personas al dar una explicación mítica a sus fallas es que no busquen realmente el porqué son así ni cómo pueden cambiar para lograr una mayor plenitud.

Por ello, González les sugiere buscar ayuda terapéutica especializada, en donde inicialmente trabajarán para contrarrestar las crisis de ansiedad y la depresión que comúnmente presentan.

Posteriormente, añade, será necesario que revisen su infancia, especialmente su relación familiar, para que identifiquen qué circunstancias fueron las que generaron su miedo a crecer y a comprometerse.

Además, de la mano del experto, podrán descubrir cuáles son sus expectativas de cambio y qué cualidades no han desarrollado adecuadamente para comenzar a aprender a madurar estos vacíos, concluye Auronz.

Así, quienes sufren el “síndrome de Peter Pan” pueden descubrir los diversos beneficios de abandonar el País de Nunca Jamás y entrar al mundo real, en donde la diversión continúa aunada a la valiosa satisfacción personal de lograr todos los retos que la vida les impone y de encontrar la autonomía.

Fuente: Adriana González y David Auronz

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